Poner la tierra a disposición de quienes deseen gestionarla de forma sostenible es un elemento clave de la restauración del paisaje. En una Comunidad de Práctica de 4 Retornos, un grupo de expertos se reunió para hablar de las iniciativas de Acceso a la Tierra y los Bienes Comunes (desplácese hacia abajo para ver la sesión completa).

La tierra como símbolo de propiedad y prosperidad está profundamente arraigada en la sociedad moderna. Sin embargo, las nociones convencionales de propiedad de la tierra están siendo cuestionadas por un movimiento dinámico que pretende reimaginar la tierra como un recurso compartido y accesible, un bien común para el beneficio colectivo. En una época marcada por acuciantes preocupaciones medioambientales, crecientes disparidades de riqueza y la necesidad de sistemas alimentarios resistentes, quién posee la tierra -y quién tiene acceso a ella- se está convirtiendo en un tema cada vez más urgente.

En la última sesión en línea de la Comunidad de Práctica de 4 Retornos, nos hablan de iniciativas de acceso a la tierra como ALPA y Ecoruralis, que se oponen al acaparamiento de tierras y apoyan el acceso a la tierra de los pequeños productores agroecológicos de Rumanía. Hay presentaciones de organizaciones como Aardpeer en los Países Bajos y Kulturland-Genossenschaft en Alemania que recaudan dinero para comprar tierras a los agricultores y retirarlas de los mercados especulativos. Y nos enteramos de la labor de Terre de Embargosuna organización francesa pionera que lleva 20 años poniendo tierras asequibles a disposición de los agricultores. Durante la sesión, Natasha Hulst, investigadora y especialista en fideicomisos de tierras comunitarias de la Instituto Schumachercomparte su opinión sobre el estado actual de las iniciativas de acceso a la tierra y sobre dónde deberían centrarse.

He aquí cuatro puntos clave de la sesión:

1. La tierra como mercancía impide la transición alimentaria sostenible

En Europa, la tierra se entiende sobre todo como un activo que se compra y se vende. La tierra es para quienes pueden permitírsela económicamente, y no para quienes desean administrarla y gestionarla de forma responsable y sostenible para las generaciones presentes y futuras. Y como los precios de la tierra siempre están subiendo, los jóvenes agricultores con ideas pioneras simplemente no pueden permitirse comprar tierras a la generación de agricultores que se jubila. La naturaleza especulativa de los precios de la tierra está, por tanto, frenando una transición alimentaria a la escala que necesitamos. Sjoerd Wartena, de Terre de Liens, subraya: "La tierra como mercancía es absolutamente la barrera. Si no se cambia la propiedad de la tierra y se hace una política hacia la tierra como bien común, todo lo demás no será posible". Las iniciativas de acceso a la tierra intentan crear una narrativa contraria al modelo especulativo y promover la tierra como un bien común, y como una comunidad a la que todos pertenecemos.

2. Los modelos de gobernanza son cruciales

Los mecanismos de muchas iniciativas de Acceso a la Tierra consisten en recaudar los fondos necesarios para adquirir tierras y retirarlas del mercado especulativo. Aunque esto es importante, Natasha Hulst afirma que experimentar con modelos de gobernanza es clave. Describe el modelo de fideicomiso de tierras comunitarias, en el que los propietarios legales, los usuarios de la tierra y la comunidad se reúnen para opinar sobre cómo debe gestionarse la tierra. Explica que es fundamental distinguir entre propiedad legal (como un fideicomiso) y propiedad del usuario (como un agricultor). "Ha llegado el momento de estudiar los modelos de gobernanza", afirma Natasha.

3. Los gobiernos no son el actor adecuado para liderar

Muchos esperan que el gobierno pueda desempeñar un papel en la creación de bienes comunes y facilitar el acceso a la tierra. Sin embargo, según Natasha, el funcionamiento actual de la política obstaculiza el acceso equitativo. "Si sacamos la tierra del mercado especulativo", afirma Natasha, "el gobierno no es el actor adecuado porque suele pensar a corto plazo". Crear el procomún se convierte en un acto de equilibrio entre el mercado y el Estado; por eso es un movimiento tan importante.

Hay ejemplos en Europa en los que los gobiernos controlan la tierra fuera del marco convencional del mercado. En Suiza, la propiedad legal se sustituye por derechos de uso, que conllevan restricciones legales sobre cómo puede utilizarse la tierra. El Estado fija el precio de las tierras agrícolas en función de su valor productivo y sólo los agricultores registrados pueden acceder a ellas. Estos planteamientos ofrecen valiosas perspectivas para remodelar nuestras relaciones con la tierra.

4. Europa puede aprender de otras partes del mundo

Aunque las iniciativas de acceso a la tierra en Europa son un campo (re)emergente, en muchas partes del mundo se mantiene desde hace tiempo el concepto de la tierra como recurso compartido. Por ejemplo, en Zambia, la perspectiva tradicional se basa en la idea de que la tierra no se puede poseer directamente, sino que existe como un bien comunal. El uso comercial de la tierra requiere un arrendamiento de 99 años, tras el cual revierte al patrimonio común. "Esa perspectiva es la que cambiará nuestra relación con la tierra y abrirá nuevos modelos y marcos en los que relacionarnos con ella", describe Ceferino Cenizo, agricultor regenerativo residente en Sudáfrica. Adoptar un punto de vista que considere la tierra como parte de la comunidad es crucial para configurar un paradigma en el que la tierra trascienda su condición de mercancía.

De la tierra como mercancía a la tierra como comunidad

En un mundo que lidia con crisis ecológicas y lucha por una mayor justicia social, adoptar el paradigma de los bienes comunes no sólo ofrece una solución, sino un profundo cambio de perspectiva que tiene el poder de forjar un futuro más armonioso y equitativo para todos. Mientras buscamos nuevas vías para fomentar el acceso equitativo a la tierra y promover prácticas sostenibles de producción de alimentos, debemos inspirarnos en las experiencias mundiales y trabajar colectivamente para entender que la tierra no es una mercancía, sino un bien común vital y parte de la comunidad.

Vea la sesión completa a continuación:

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