¿Sabías que los hongos del suelo son un importante sumidero de carbono? En medio de la compleja red de vida que hay bajo nuestros pies, los hongos micorrícicos son los héroes anónimos de la lucha contra el cambio climático. Estos extraordinarios organismos han formado asociaciones simbióticas con las plantas durante más de 400 millones de años, desde que los hongos micorrícicos ayudaron a las plantas cuando aparecieron en la tierra. Los hongos micorrícicos buscan minerales y nutrientes en el suelo y los intercambian por hidratos de carbono y grasas que las plantas obtienen mediante la fotosíntesis.

La relación simbiótica con los hongos permitió a las plantas diversificarse y volverse más complejas con el tiempo. Los modelos climáticos sugieren que fue esto lo que redujo los niveles atmosféricos de CO2 en la atmósfera -de 300 a 3000ppm- durante la Era Paleozoica (hace 500-250 millones de años), lo que se correspondió con un descenso de las temperaturas globales y la oxigenación de la atmósfera. Ya se sabe que alrededor de 75% del carbono terrestre se almacena bajo tierra en cualquier momento. Nuevo investigación presentado en Current Biology alude a la importancia que desempeñan los hongos micorrícicos en el almacenamiento subterráneo de carbono.

El almacenamiento de carbono depende del tipo de vegetación

Diferentes tipos de hongos micorrícicos se asocian a distintas plantas. La micorriza arbuscular, por ejemplo, está asociada al 55% de la vegetación mundial, incluidas plantas herbáceas como gramíneas, hierbas y la mayoría de las especies cultivadas. Las micorrizas arbusculares se llaman así porque forman estructuras dentro de las raíces llamadas "arbúsculos", que significa "órgano con forma de árbol". Son el principal lugar de intercambio de carbono y nutrientes entre las plantas y sus socios fúngicos En los pastizales templados, una red sana de hongos micorrícicos arbusculares puede constituir hasta 50% de la biomasa microbiana viva total.

Comúnmente asociadas a los árboles que crecen en ecosistemas forestales, las ectomicorrizas constituyen más del 30% del total de la biomasa microbiana viva del suelo. Estos hongos crean extensas redes subterráneas, que se extienden hasta 2000 metros por centímetro cúbico de suelo. Estos liberan carbono de la materia orgánica del suelo como subproducto cuando obtienen nitrógeno. Sus hifas -estructuras largas en forma de hilo- están formadas principalmente por carbono de las plantas a las que están conectadas. Es posible que hayas visto (¡o comido!) algunos de sus cuerpos fructíferos, como el venenoso agárico de las moscas (Amanita muscaria) y deliciosos Porcini (Boletus edulis) y rebozuelo (Cantharellus cibarius).

Diferentes hongos micorrícicos secuestran distintas cantidades de carbono y desempeñan un papel contra el cambio climático.
Diferentes plantas y diferentes hongos micorrícicos absorben diferentes cantidades de carbono (Fuente: Current Biology).

El carbono permanece en el suelo aunque mueran los hongos

Incluso cuando los hongos micorrícicos mueren, su legado perdura. Su micelio se transforma en "hojarasca fúngica" o "necromasa". Aunque estas redes ya no absorben el carbono de las plantas, ayudan a crear y estabilizar los agregados del suelo. Como resultado, la materia orgánica queda más protegida de la descomposición, manteniendo estables los niveles de carbono orgánico del suelo. Algunos científicos creen que la necromasa fúngica podría contribuir significativamente más a las reservas de carbono orgánico del suelo que la biomasa fúngica viva, e incluso superar la cantidad aportada por la hojarasca vegetal.

Las micorrizas liberan compuestos que retienen el carbono del suelo

Los hongos micorrícicos desempeñan otro papel crucial en el almacenamiento de carbono. Liberan unas sustancias especiales llamadas exudados cuando crecen en el suelo. Estos exudados contienen azúcares y ácidos orgánicos con carbono y nitrógeno. Otros organismos diminutos del suelo, como bacterias y otros hongos, utilizan y atrapan estos exudados. El carbono de los exudados pasa a formar parte de la materia orgánica asociada a los minerales, una reserva estable de carbono en el suelo. Se adhiere a las superficies minerales, protegiéndolas de la descomposición por otros microbios.

Implicaciones para la mitigación del cambio climático

Aunque aún se está desarrollando nuestra comprensión del papel de los hongos micorrícicos en el ciclo global del carbono, cada vez es más evidente que son más vitales de lo que se pensaba. Comprender su papel en la forma en que los distintos sistemas vegetales absorben el carbono es crucial para desarrollar modelos climáticos y de carbono más matizados. Es esencial para una comprensión global de los flujos de carbono y unas prácticas medioambientales eficaces, especialmente cuando se trata de gestionar y promover la salud del suelo.

Reconocer la importancia de los hongos micorrícicos podría permitirnos diseñar estrategias eficientes de gestión de la tierra para maximizar el potencial de secuestro de carbono y desarrollar enfoques de mitigación del cambio climático, además de aportar otros beneficios ecológicos. Estos, a su vez, podrían ayudar a obtener beneficios sociales y económicos para los habitantes de los paisajes, que dependen de ecosistemas sanos -y de sus hongos micorrícicos fundamentales- para sobrevivir y prosperar.

Abrazar las complejas relaciones que existen bajo nuestros pies puede ser la clave para preservar un mundo más sano y equilibrado para las generaciones venideras.

es_ESEspañol